jueves, 4 de febrero de 2010
Sexo, drogas, alcohol, coca, heroina, canutos, marihuana, cannabis, anfetas, rayas, porros, chocolate, éxtasis, nicotina y alcohol, mucho alcohol. Y buena comañia, sí, eso es impriscindible, no pido mucho, cuatro amigas locas por disfrutar. Ah, y sonrisas, mejor que el sexo desenfrenado, un virgen de marihuana o los golpes de tequila al trago, son las sonrisas, a carcajada limpia. Pero me da pena, me da pena que estos tiempos ambas necesitemos esas chucherias para esborzar una sonrisa no finjida. Pero es lo que teine, cuando no te da tiempo a levantarte de una caida y ya estas tropezando con la siguiente piedra (¿o siempre tropezamos conla misma?) Bueno, no quiero desviarme de la idea principal, nuestros vicios caros, que al final siempre acabo hablándote a tí, y no quiero. Esta vez no. Asi que, llegadas a este punto, dejaremos a un lado todo lo responsable y digno, para dedicarnos por completo a nuestros hobbies. Supéraremos con creces el record de sustancias toxicómanas en nuestra sangre, acabaremos tiradas en portales, acabadas pero sonriendo. Siempre, sonriéme.
martes, 2 de febrero de 2010
Jueves, triste, frio, lluvioso, aburrido. Me reecuentro con una vieja amistad, evito saludarla, hoy no me apetece hablar con nadie, ni tengo fuerzas para esbozar una sonrisa. Pero corre hacia mí, entusiasmada, eufórica, hacía mucho que no nos veiamos. Me pregunta por mí y por mi vida, seguramente le importe una mierda, pero siempr viene bien tener información nueva para cotillear cuando de la vuelta a la esquina. Aún no me ha preguntado por él, pero la veo venir, es inevitable, y plaf!, lo suelta de sopetón, clavandose como un puñal '¿Qué tal estais? ¿Seguís juntos no?' se hace el vacio. Me hace una mueca, no sé que significa, pero prefiero no interpretarla, ultimamente estoy muy mal tomada. De mi boca sale un 'no', tembloroso y profundo. Al fín me cosigo librar de mi vieja amistad. Continuo mi camino. Sin rumbo. Hacia la nada. Busco su mirada entre los ojos de la gente, los intermitentes de los coches, los semáforos en rojo. Subo el volumen de la música. Suena la canción. Nuestra canción. Apreto los puños, las uñas se clavan, pero no duele, no es eso lo que duele. Cierro los ojos para evitar cualquier fuga de agua. Me vienen recuerdos. Cruzo de acera. Besos. Caricias. Palabras. Voy en dirección al parque, miro a los niños con cierta envidia y me siento en el banco, en el mismo banco que me senté con él un día y me estremezco. Dos gotas de agua salada resbalan por mis mejillas, y rompo en llanto, frágil, sin fuerzas y vulnerable.
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